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miércoles

“Asumo mi error, me llevé un cadáver que no era”


Ambos cuerpos tenían marcas de un golpe en la ceja y morados en el brazo derecho. Familiares dijeron que se parecían físicamente

PROSIBEL GONZÁLEZ / EL NACIONAL

Loira Coromoto Hernández Rodríguez, abogada de libre ejercicio, expresó que cargó un peso moral luego de que el 24 de febrero retiró el cadáver de María Ignacia Torrelles, a quien cremó al día siguiente en el Cementerio del Este, en La Guairita, porque pensó que era el de su madre.

“Asumo mi responsabilidad, me llevé un cadáver que no era y exonero de toda culpa al personal que labora en el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses, quienes en todo momento me acompañaron en el protocolo que conlleva el reconocimiento y retiro de un cuerpo de esa medicatura”, dijo.

Hernandez relató que el 10 de febrero, su madre, de nombre Ana Justina Hernández Rodríguez, de 86 años de edad, sufrió una caída que le dejó un golpe a nivel de la ceja derecha y morados en el brazo derecho. La octogenaria falleció el viernes 23 de ese mes en su casa, como consecuencia de un accidente cerebrovascular. Sin embargo, el organismo detectivesco levantó el cadáver al día siguiente a mediodía y lo llevó a la morgue de Bello Monte.

Coincidencia

“Doy fe de que hice el reconocimiento fotográfico, luego bajé y el patólogo descubrió el rostro de esa abuelita y aún así dije: Sí, es mi madre. Le observé las manos, el cabello y reconfirmé: Es ella”, contó Hernández Rodríguez.

Como ya había un acuerdo previo con la funeraria y la capilla del Cementerio del Este, la abogada se llevó ese cadáver y culminó todo el protocolo.

Luego del acto crematorio, Hernández Rodríguez recibió una llamada del Senamecf. Lo peor vino después. En las oficinas del organismo estaban los familiares de María Ignacia Torrelles reclamando un cuerpo que ya se habían llevado. “Dios mío, qué hice”, exclamó la mujer en medio de la confusión entre parientes. “Solo me quedó pedirles disculpas por el error, la otra familia comprendió. Vale destacar que esas abuelitas eran idénticas, tenían la misma marca en la ceja y los morados en los brazos, que coincidencia”.

La morgue de Bello Monte asumió la cremación de Ana Justina, cuyos servicios se realizaron el lunes en el Cementerio General del Sur.


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