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miércoles, 9 de abril de 2014

Acribillan a una maestra de música en Maracaibo


Desde un vehículo en marcha le dispararon a la mujer e hirieron a su pareja. Hasta el cierre de esta edición, Rafael Palmar (36) estaba fuera de peligro en el Hospital General del Sur. La única testigo del crimen huyó. La Policía científica colectó 12 casquillos percutidos alrededor del cadáver

Por Ana Karolina Mendoza / La Verdad

Salió de clase y a unas tres cuadras de su casa la mataron. Dairixy Hernández (44) se desangró en la calle 99U, frente a la urbanización Piedras del Sol. Al menos ocho balas se le incrustaron entre el pecho y al cabeza. Los vecinos salieron a ver qué sucedía tras escuchar al menos 20 detonaciones, ayer las 9.15 de la noche.

La mujer caminaba junto con su supuesto esposo, Rafael Segundo Palmar González (36), y una amiga por la oscura callejuela que comunica Altos del Sol Amada con el barrio Brisas de La Vanega. Un carro negro se les acercó y el conductor mandó a apartar a la acompañante y le disparó a la pareja. Los asesinos -"dos muchachos flaquitos", según describieron los vecinos- huyeron hacia la Circunvalación 3. Al parecer los siguieron desde que salieron del plantel. La única testigo desapareció.

A Palmar lo trasladaron, en una patrulla de la Policía Nacional, al Hospital General del Sur. Los proyectiles impactaron en una mano, en un brazo y otros en el abdomen. Hasta el cierre de esta edición, estaba fuera de peligro. Trascendió que es miliciano.

Dolor

A pesar de que una tela quirúrgica le cubría medio cuerpo, sus hijos la reconocieron a lo lejos. "Señor, ten misericordia de ella", gritó la madre de Hernández, mientras abrazaba a su nieta para que no se desmayara. Los familiares vieron cómo montaban el cadáver en la furgoneta. La Policía científica recabó 12 casquillos de bala.

La víctima residía en el barrio Brisas de La Vanega, a unas cinco casas de la frutería. En su vivienda funcionaba una escuela de teatro y música para niños. Estudiaba tercer semestre de bachillerato integral en el Leoncio Quintana y asistía a una iglesia evangélica en Altos del Sol Amada. Sus seis hijos, lloraron sin consuelo, a unos cinco metros de su cadáver.



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