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sábado, 27 de mayo de 2017

“No me dejen morir porque tengo un hijo”, dijo Manuel Sosa al caer herido


Manuel Sosa, de 33 años, corrió hacia su casa para refugiarse. No pudo llegar a su hogar, una bala lo había alcanzado. Herido, cayó en el portón y de inmediato se acercaron varias personas para socorrerlo. “No me dejen morir que tengo un hijo”, dijo antes de que fuese trasladado hacia un centro de salud en Barquisimeto.

JORGE FLORES RIOFRIO / EFECTO COCUYO

La noticia se difundió por medio de las redes sociales, donde se llegó a decir minutos después de lo sucedido que había fallecido por un disparo en el cuello. Fue un rumor; su condición era grave, pero seguía vivo.

Por esa misma vía se buscaban los medicamentos para tratarlo. A causa de la escasez de antibióticos en el país, las familias de los enfermos y heridos se ven obligadas a pedir ayuda en cualquier nivel. Para muchos de los que seguían el suceso había esperanza, “si se piden medicinas es porque está vivo”, pensaron.

Ya en la frontera de la noche con la madrugada, José Barreras, alcalde del municipio Palavecino, informaba la triste noticia: Sosa había muerto.

Manuel Sosa no es, como ninguna de las personas fallecidas, solo una cifra dentro de un trágico balance. Era padre de un niño de 5 años, amigo de muchos que hoy sufren y lloran su pérdida, entre ellos su mamá, quien aún embargada por el dolor, reclamó a la GNB y la PNB “¿cómo hago para devolverle el espíritu a mi casa cuando mi hijo no está?”.

El alcalde Barreras pidió al Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo actuar por la justicia. Denunció que los efectivos castrenses habían reprimido “brutalmente” a los habitantes de la comunidad. Sobraron testimonios acerca de que los uniformados no dudaron para tumbar portones y lanzar gases lacrimógenos dentro de conjuntos residenciales.

Según ha reiterado el discurso oficial, son los manifestantes los que generan la violencia en las calles y quienes utilizan capuchas para cubrirse el rostro son tildados de “terroristas”. No obstante, se han difundo en las redes sociales muestras de diálogo y protesta pacífica protagonizados por los jóvenes de “la resistencia”. En Valle Hondo, donde murió Sosa, también se documentó un episodio similar.

En el video, uno de los encapuchados le da la mano al militar, le agradece la oportunidad que le dan a él y a los otros manifestantes para dialogar. “Nosotros no estamos contra ustedes, nosotros queremos paz. Yo tengo un chamo, mi chamo me va a llorar si me pasa algo, si me pasa algo ya no podré trabajar, si me pasa algo mi hijo no come. Yo estoy haciendo esto más por él que por mí, porque yo quiero que él tenga un futuro”, fueron las palabras conciliadoras de Manuel.

Ya ese encapuchado no se cubre el rostro, millones de venezolanos reconocen su faz, mientras su hijo llora por él junto a el resto de su familia y sus amigos, quienes le consideraron un hombre “que te marcaba la vida”.

Manuel Sosa, el joven que protestaba, también trabajaba todos los días, profesaba el cristianismo como fe y era activo colaborador en su comunidad según sus vecinos, quienes para honrar su memoria marcharon este viernes 26 de mayo por la avenida El Placer, vía que atraviesa la urbanización Valle Hondo, hasta el distribuidor en donde tantas veces expresaron junto al hoy caído su deseo de un mejor país.


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